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Escapando de la realidades chapter 14 bankruptcy

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Chapter 7 Bankruptcy: A Step-by-Step Guide

Cada vez ms personas opinan que las instituciones polticas han sido tomadas por las lites y que el papel de los sistemas democrtico-representativos se reduce a la construccin de una mnima legitimidad de lo decidido ya en otras instancias.

El Movimiento 15M en el Estado espaol o las continuas protestas en Grecia, son indicios de que algunas democracias europeas han entrado en una crisis similar a la de las sociedades rabes.

Ante este panorama es ms que razonable plantearse alternativas de sociedad. En Suramrica, donde la crisis de representacin articulada por insurrecciones como el Caracazo venezolano de o el levantamiento argentino en se desenvuelve desde hace rato, algunas propuestas de cambio ya se han empezado a materializar.

En el transcurso de la ltima dcada, casi todos los gobiernos del subcontinente se han desmarcado del neoliberalismo y de sus recetas de austeridad y desregulacin. Adems, en Venezuela, Ecuador y Bolivia, se han gestado procesos constituyentes que replantearon el modelo de democracia imperante, abriendo horizontes de transformacin estructural. Sin embargo, estos procesos tambin evidencian los lmites de las transformaciones lideradas por gobiernos.

Si bien algunos pases han vivido una redistribucin de las riquezas, los discursos de la transformacin socioeconmica y de la horizontalizacin de poder, apenas se percatan en la realidad. Cada vez es ms evidente que las emancipaciones sociales nunca nacen primordialmente del poder administrativo o de las dirigencias polticas y estatales, sino de las prcticas y movilizaciones de las mayoras.

Esta tesis fue el punto de partida para el seminario internacional Otros mundos posibles? Construccin de polticas alternativas desde gobiernos y movimientos sociales en Amrica Latina, que nuestro grupo de investigacin Alternativas de Sociedad realiz en mayo de con el apoyo de la Facultad de Ciencias Humanas y Econmicas de la Universidad Nacional, Sede Medelln y la Fundacin Rosa Luxemburg de Alemania.

Las preguntas fundamentales eran: Qu retos de transformacin econmica y poltica se plantean en vista de las crisis actuales? Qu lectura hacemos, en trminos de logros y fracasos, de los gobiernos alternativos y cmo explicamos sus tensiones con movimientos populares y demandas ambientalistas? Cules son las subjetividades polticas alternativas si consideramos que el Estado no puede ser el protagonista principal de un proceso de emancipacin? Este libro es una recopilacin de las exposiciones realizadas en el marco del seminario, que segn nuestro modo de ver ms aportaron a este debate.

Hemos mantenido la estructura del seminario. En un primer bloque temtico se debate el complejo Crisis de representacin, estatalidad y nuevas subjetividades democrticas, examinando las perspectivas de una democratizacin social y de una horizontalizacin del poder, ms all del concepto de representacin, defendido tanto por el Estado burgus como por las izquierdas tradicionales.

En este marco, Andrs Antillano psiclogo venezolano y militante del movimiento de pobladores esboza en su artculo De la democracia de la calle y los Consejos Comunales: la democracia desde abajo en Venezuela, el surgimiento de un sujeto popular no representado por las fuerzas polticas y debate las perspectivas de transformacin abiertas por ste.

El autor insiste en la compleja relacin entre el sujeto popular-plebeyo emergente y el gobierno bolivariano, y resalta contradicciones pero tambin espacios de interlocucin sorprendentemente productivos entre ambos. Repensar la democracia, el artculo de Klaus Meschkat, profesor emrito de la Universidad Leibniz de Hannover, indaga en la nocin de la democracia consejista en el debate socialista del siglo XX y visibiliza el funcionamiento de los consejos durante las revoluciones de Segn el autor, el concepto de la democracia consejista presenta vacos y problemas por aclarar; no obstante, aporta elementos interesantes para un proyecto que busca superar las limitaciones y contradicciones de la democracia liberal, basada en la desigualdad de riquezas materiales y de poder.

En Movimientos Sociales en Amrica Latina: Entre la forma-comunidad y la forma-Estado, Leopoldo Mnera, profesor de Ciencias Polticas de la Universidad Nacional de Colombia, explora diferentes aportes al debate sobre la subjetividad en los procesos de transforma-.

Mnera recalca dos posiciones contrarias: una, representada por autores como Ral Zibechi, que construye su discurso con base en el sujeto comunidad y otra sostenida, por ejemplo, por el intelectual y actual vicepresidente de Bolivia, lvaro Garca Linera, que deduce su proyecto de la forma-Estado. Patricia Chvez, investigadora indgena boliviana, muestra en El proceso poltico boliviano: dilemas y tensiones entre Estado y movimientos sociales, el nivel de resistencia que la estructura estatal presta a un proyecto de emancipacin.

Chvez visibiliza las prcticas de exclusin inscritas al sistema de representacin poltica y al Estado poscolonial, lo que la lleva a cuestionar la viabilidad del proyecto de cambio planteado por el gobierno boliviano de Evo Morales. Raul Zelik, politlogo y escritor alemn, finalmente, discute en De constelaciones y hegemonas, los efectos contradictorios de los gobiernos progresistas electos que en el pasado, si bien siempre han nacido de movilizaciones sociales, muy pocas veces han contribuido a procesos de emancipacin como lo muestra la reciente historia europea-.

El segundo bloque temtico del presente trabajo torna alrededor de Alternativas al desarrollo, economa solidaria y propiedad comn. El economista y politlogo Elmar Altvater abre, con Capitalismo, modelo energtico y orden global, el debate ms general sobre la correlacin entre fosilismo, crecimiento y acumulacin. Altvater arguye que, con el modelo energtico basado en la explotacin de hidrocarburos, todo el sistema de produccin y consumo entrar en una crisis severa.

El autor manifiesta que es ingenuo sostener que un capitalismo verde, sustentado en fuentes de energas renovables, pueda mantener el ritmo de crecimiento tan acelerado de las ltimas dcadas. Con menos o ningn crecimiento de la economa, sin embargo, tambin habra que replantearse el principio de la acumulacin de capital, que sirve como ley oculta de las sociedades contemporneas.

En el segundo captulo, titulado Cambio de modelo de acumulacin en Ecuador? Propuestas y realizaciones en la revolucin ciudadana, el historiador y antroplogo Pablo Ospina escudria los logros de las polticas de cambio en Ecuador, resaltando las contradicciones entre el discurso del Buen Vivir, planteado por la Constitucin como alternativa al modelo de acumulacin capitalista, y las polticas desarrollistas del gobierno de Rafael Correa.

Ospina, expone cmo el proceso ecuatoriano se caracteriza ms por una profundizacin del modelo extractivista, que por transformaciones estructurales dirigidas a la superacin del legado colonial. Jairo Estrada, economista colombiano, aporta Elementos de economa poltica de la poltica social en Amrica Latina, texto en el cual reflexiona sobre las polticas sociales de los gobiernos progresistas latinoamericanos.

El autor afirma que estos gobiernos, ms que perseguir una transformacin socio-econmica en sus pases, estaran desarrollando nuevas prcticas de asistencialismo social lo que definitivamente sera compatible con las polticas neoliberales impuestas a partir de los aos De este modo, el autor plantea la posibilidad que, en lugar de un cambio, estemos presenciando la reacomodacin de polticas de acumulacin tradicionales.

El artculo Peer production y commonism: Construyendo la libre asociacin de productores desde el movimiento de software libre proviene del informtico y programador de sistemas Christian Siefkes. El autor examina las prcticas basadas en la cooperacin no-remunerada y de la coordinacin horizontal del trabajo, propias del movimiento de software libre, y pregunta si tales prcticas podran servir como principios de organizacin para una alternativa de sociedad basada en bienes comunes commons.

El politlogo y filsofo austriaco Aaron Tauss, finalmente, indaga en Argentinas recuperated workplaces: The emancipatory potential and the limitations of workers control las prcticas de autogestin desarrolladas por trabajadores argentinos tras la crisis de y discute las potencialidades y limitiaciones de semejantes polticas de apropiacin democrtica de la produccin. Agradecimientos Esperamos que este libro sirva como un aporte a la difcil tarea de la transformacin social emancipadora y, en este sentido, reclame la vigencia de una misin histrica de la universidad pblica: aportar al anlisis de la sociedad, visibilizar sus crisis y contradicciones y proponer alternativas ms all de los discursos tecnicistas de la construccin de gobernabilidad.

Queremos expresar nuestros agradecimientos a la Fundacin Rosa Luxemburg y a la Universidad Nacional de Colombia, Sede Medelln, por el apoyo financiero y moral dado para la publicacin de este libro; en particular, al decano de la Facultad de Ciencias Humanas y Econmicas, Renzo Ramrez Bacca y a la representante de la Fundacin Rosa Luxemburg para el rea andina, Miriam Lang.

De la democracia de la calle a los consejos comunales: la democracia desde abajo en Venezuela anDrs antiLLano. Resear, de modo general y sin pretensiones de exhaustividad, las prcticas colectivas en que incuban nuevas formas de accin poltica y de democratizacin, que desestructuran las viejas figuras de la dominacin y amplan los contextos y las formas de ejercicio de soberana popular. Preguntarnos por las condiciones en que emergen y los sujetos que las hacen posibles, las caractersticas que adoptan su distancia con las anteriores tcticas obreras y populares sus modos de socializacin y sus escenarios.

Si bien nos referiremos a las prcticas y sujetos populares urbanos en Venezuela, probablemente mucho de lo que se diga sea comn a otros contextos y procesos: los piqueteros argentinos, las luchas urbanas de las periferias bolivianas, las revueltas de los barrios pobres en todo el continente. Otras consideraciones, en cambio, slo tendran sentido para el caso de Venezuela: la relacin con el Estado y el significado de la autonoma en un contexto como el venezolano, en donde el Estado se convierte en el principal propietario de los medios de produccin y regulador de la vida social, tema que adquiere mayor relevancia y complejidad en las relaciones entre las luchas populares y el gobierno chavista.

Insertamos dos excursos que nos ayudan a realizar precisiones conceptuales en un ensayo que, por cierto, no las pretende ni las ofrece : uno sobre los movimientos sociales y otro sobre la comunidad como sujeto de las polticas gubernamentales.

Son las nociones. Son ambas categoras tiles para comprender y contribuir a los procesos de lucha y emancipacin que las nuevas formas de ejercicio de poder, por parte de las muchedumbres venezolanas, se plantean? Debemos advertir, finalmente, que no es ste un ensayo acadmico, ms bien adoptamos una prosa militante, que es a fin de cuenta nuestro lugar en este debate.

Por ello nos tomamos la licencia de esquivar ciertos rigores argumentativos, pues nuestra pretensin es contribuir desde nuestra prctica, ms que de la discusin terica o del refinamiento de claves analticas, a una discusin que creemos pendiente.

La crisis de la representatividad y la insurgencia de la democracia de la calle A fines de febrero de , habitantes de los barrios pobres que rodean Caracas, protagonizaron un masivo levantamiento que se prolong durante das, para slo cesar a costa de una brutal represin que dej un nmero incontable de muertos. El segundo gobierno de Carlos Andrs Prez, quien poco antes haba ascendido al poder prometiendo reeditar la oferta populista de su primer mandato para, en cambio, imponer un draconiano paquete de medidas econmicas neoliberales, cay en una crisis de legitimidad que desemboc en su expulsin del poder pocos aos despus.

A la par, se inicia un ciclo de protestas populares cada vez ms politizadas y confrontativas, lo cual determin los acontecimientos posteriores. Finalmente, un grupo de militares, que tienen en el llamado Caracazo su bautismo de sangre, deciden no poner nunca ms sus armas contra el pueblo, gestndose al interior del ejrcito, una corriente de descontento que dara lugar a los levantamientos militares del ao Febrero de cambi la historia del pas.

Pero adems, el Caracazo supone la emergencia, violenta y definitiva, de un nuevo sujeto popular. Si los episodios de luchas de masas haban sido protagonizados hasta entonces por estudiantes y movimientos sindicales, el 27 de febrero de fue testigo de la insurgencia de un sujeto marcado por la prdida de la condicin laboral, esencialmente desempleados o trabajadores precarios excluidos del mundo del trabajo, del consumo y en tanto habitantes de las periferias urbanas empobrecidas de la ciudad como trama de inscripcin social.

Se trata entonces de un sujeto excluido y precarizado que no tiene a la fbrica como espacio de socializacin y organizacin, pues son el barrio y las relaciones de convivencia y solidaridad las que le dan forma; ya no es la lucha por el rescate del trabajo o la plusvala la que lo moviliza, pues la vida toda est ahora en disputa; la ciudad, y especialmente los su-.

No es casual que las protestas de ese da se hayan desencadenado en las ciudades satlites de los pobres en contra del alza del pasaje, para luego extenderse a toda la ciudad y diversificar sus objetivos, enfrentndose a la polica, saqueando comercios o destruyendo vehculos e inmuebles.

Este sujeto, que tiene sus precedentes en luchas de marcado carcter urbano como las protestas por el agua, contra el alza del pasaje o contra intentos de desalojos de viviendas en barrios pobres, desarrolladas en los aos previos, se convertir en el actor central de los procesos histricos que vivir Venezuela, desde entonces y hasta la fecha.

Su gestacin es inseparable de las nuevas formas que adquiere el capital, es decir, del cambio del capital productivo en capital especulativo que parasita todas las esferas de la vida, sustituye la ganancia, producida en la explotacin directa del trabajo, por la renta extrada de todas las actividades y necesidades colectivas.

No se trata ya de luchas laborales. El ataque masivo a la vida supone que la vida toda, las condiciones para su reproduccin vivienda, servicio, consumo, recreacin y afirmacin simblica , se vuelve materia de lucha.

Sus formas de lucha son propias de su naturaleza y de la naturaleza de sus demandas: la recuperacin de espacios y bienes expropiados por la lgica del capital, privatizados o excluyentes, la toma de terrenos, de fbricas, de espacios pblicos, la apropiacin violenta de bienes y servicios, la accin directa y explosiva. La calle es su escenario. Se abandonan las formas tradicionales de organizacin: el tumulto, la auto-convocatoria y la asamblea, sustituyen a estructuras formales y rgidas de pertenencia.

Tanto sus demandas como sus mtodos y sus formas de organizacin, implican, de manera inmediata y directa, una transgresin de los lmites de las formas democrticas tradicionales, encorsetadas en la representacin de intereses y en los canales institucionales por los que discurrira esa representacin.

Se trata en cambio de la puesta en escena de formas de democracia plebeya, de calle, en las que por la va de la accin directa de las masas, se desestructuran las formas de dominacin y se apropian colectivamente de espacios y procesos. Esta accin poltica de las masas supone la crisis de la representacin. Partidos, sindicatos y otras formas de intermediacin, conocen un acelerado proceso de deslegitimacin, al igual que los medios convencionales de participacin poltica por ejemplo, la vertiginosa cada de la participacin electoral, tradicionalmente alta en Venezuela, desde fines de los ochenta.

Toda forma de representacin e intermediacin ser, desde entonces, violentamente recusada. Slo quedarn, uno frente al otro, el sujeto popular, tumultuario e ingobernable, y el Estado, que desnuda su rostro ms cruel y autoritario. La violencia de Estado y la represin sustituirn desde entonces a las desgastadas formas de cooptacin. La masiva y cruenta represin con que el Estado enfrenta las protestas de febrero establecer el estado de excepcin como dispositivo permanente para el gobierno de los pobres.

Es el concepto de movimientos sociales til para dar cuenta de este nuevo sujeto? No hay duda de que el concepto de movimientos sociales nace frente a la crisis de la representacin y el trabajo como relato de la participacin poltica. Acuado para comprender los movimientos que sitan sus luchas y demandas en terrenos distintos a las demandas laborales o a la participacin electoral, ha contado con suerte tanto en la literatura sociolgica como en la retrica militante.

Sin embargo, y sin pretender despachar la discusin, en el caso de lo que ocurre en Venezuela en trminos de movilizacin popular, la expresin parece insensible para comprender la naturaleza de la confrontacin que copa las ltimas dcadas. Por un lado, el concepto enfatiza en las organizaciones formales y estables en el tiempo, con determinado grado de estructuracin. En cambio, en Venezuela ms que un sujeto organizado, se trata de un sujeto movilizado. Es en la movilizacin de calle y no a travs de la organizacin formal en la cual el sujeto popular se manifiesta.

De hecho, desde mediados de los aos ochenta, se produce una mengua en la organizacin popular articulada en juntas de vecinos, grupos culturales o religiosos, sindicatos , probablemente como resultado de los efectos de la flexibilizacin laboral y la exclusin social sobre los modos de sociabilidad, a la vez que se incrementan exponencialmente las protestas populares.

Si para comprender la respuesta popular alguien buscara movimientos sociales relevantes, durante las dos ltimas dcadas, concluira que en los aos de mayor conflictividad social cunda la desmovilizacin por falta de organizaciones. Las nicas organizaciones formales que pueden ser detectadas durante este perodo son Organizaciones No Gubernamentales que, animadas desde el Estado, florecieron en la dcada de los noventa, como parte de la transferencia de responsabilidades en la gestin social de este ltimo a la sociedad civil.

En segundo lugar, el concepto parece definir los movimientos sociales por su exclusin del Estado, reeditando la vieja distincin entre sociedad civil y sociedad poltica. En el caso de Venezuela, esta distincin tajante es incapaz de dar cuenta de la relacin compleja que se establece histricamente entre Estado y sectores populares, por el peso de aquel dueo de la renta petrolera y con alta capacidad redistributiva en las distintas esferas de la vida colectiva.

La apropiacin de la renta, en trmino de contenciosos exigiendo derechos o de sujecin por medio de mecanismos clientelares, ha sido un objetivo constante de la movilizacin popular. En otros trminos, en Venezuela la accin poltica popular puede estar contra el Estado, establecer relaciones de igualdad o supeditarse a ste, pero difcilmente se puede actuar sin el Estado.

Esto condujo a que, mientras en otros pases del continente, la hegemona neoliberal produjese un repliegue de las organizaciones y sectores populares de la bsqueda de cambios en el Estado, adoptando tcticas de acumulacin y construccin al margen de ste, en Venezuela la contestacin al neoliberalismo desemboc rpidamente en la lucha contra el gobierno y por la transformacin del Estado, como se expresara en las demandas de salida del gobierno, la consigna de una Asamblea Constituyente y, posteriormente, en el apoyo popular al gobierno de Chvez.

De la misma forma, durante el gobierno chavista, el apoyo de las masas populares al Presidente, no necesariamente ha supuesto una mengua de la autonoma e incluso, de la conflictividad frente al Estado, como podra preverse de acuerdo a la tradicional oposicin entre movimientos sociales y esfera estatal. En tercer lugar, en la manera en que generalmente se describen los movimientos sociales, estos se entienden a partir de su carencia, se definen como sujetos deficitarios.

Esto da lugar, por una parte, a una suerte de victimismo hacer patente y lograr el reconocimiento de un sufrimiento y a una poltica de las necesidades para su gestin. La accin del sujeto popular en Venezuela estar marcada, en cambio, por un proceso de autoafirmacin y autovaloracin popular, refractaria a su traduccin a necesidades, y por ello ingobernable. Es exceso, no carencia, lo que lo define. De ah tambin su pronta politizacin, pues no son demandas especficas, no son necesidades lo que lo movilizan, sino justamente la insurgencia contra un orden que lo reduce a puro dficit.

De hecho, uno de los riesgos actuales, expresin quizs de un intento de reducir la potencia de este sujeto dscolo y subversivo, est en los intentos de sustituir su beligerancia por la plcida relacin clientelar, recluyndolo en el orden de las necesidades que el Estado satisface a cambio de sujecin.

En ntima relacin con lo anterior, los movimientos sociales se caracterizaran por expresar demandas sectoriales, fragmentarias.

El sujeto popular es, en oposicin, mltiple y molar, capaz de contener en s las distintas demandas, mezclar exigencias y superarlas al politizar su movilizacin. Se brinca las separaciones sobre las que se reconstruye un nuevo corporativismo que tiende a despolitizar y aislar las luchas. Ms bien, su accin lo conduce a ampliar permanentemente sus demandas. Siempre quiere ms. Un tratamiento habitual en la discusin acadmica sobre el tema, enfatiza en los aspectos subjetivos, las prcticas y demandas culturales de los llamados nuevos movimientos sociales: se juegan su existencia en la bsqueda de reconocimiento para grupos relegados, en la produccin de nuevas subjetividades y mundos de vida, etctera.

Ms que la igualdad, pretenden la produccin y reconocimiento de diferencias. En el caso de la movilizacin popular, que aparece durante estos aos en Venezuela, si bien pone de manifiesto formas y subjetividades propias y diferenciadas el barrio, el malandro, y sus expresiones culturales, estticas, discursivas y producen o actualizan a su interior, nuevas formas de relacin la asamblea, la fiesta, la calle como espacio de encuentro , estas condiciones nacen justamente de la desigualdad, de la brutal exclusin, y son sus heraldos, no su programa.

Sin duda, la contestacin de las nuevas formas de racismo y exclusin simblica que se han fraguado a la par de la segregacin social de los ltimos aos, es un elemento fundamental de su accin, casi en forma de desafo la turba, los monos, los malandros, los desdentados estamos aqu! Lo cultural es pura forma, pues lo central es el desafo al poder y a las lites, a las desigualdades que dan lugar a tales diferencias, no su afirmacin estetizante ni su reconocimiento simblico.

Ello conduce a la principal distincin. Los movimientos sociales, tal como los abordan la literatura sociolgica y el discurso poltico, ya no remiten a la composicin de clases de la sociedad, al conflicto entre trabajo y.

Diluye estas contradicciones y coloca otros diferendos en el centro del conflicto: las diferencias sexuales y de gnero, las luchas ambientales y las reivindicaciones culturales. La desigualdad se vaca de toda densidad poltica, se la desnuda de su anclaje estructural, deja de impugnar la existencia misma del orden establecido, para convertirse en un simple trmite tcnico que se resolvera con la expansin de la democracia liberal y del mercado. Sus demandas no impugnan, sino que legitiman el orden, ahora sensible a estas nuevas diferencias que pueden ser metabolizadas sin cambiar las injustas relaciones de explotacin y exclusin.

En cambio, las luchas populares de estos ltimos aos en Venezuela tienen un claro carcter de clase, su blanco no es la esfera de la reproduccin cultural ni demandas parciales, sino que se enfrentan de manera directa con las desiguales relaciones econmicas y sociales y con sus titulares, las lites econmicas y sus gobiernos. Ello no niega las otras luchas, sino que es capaz de englobarlas en el campo de los explotados y su emancipacin. El papel de las mujeres en las protestas de calle y la organizacin popular de los barrios pobres, las reivindicaciones de los derechos de los pueblos indgenas, la movilizacin de grupos sexodiversos y las demandas ecolgicas, se hacen cada vez ms polticas y antisistmicas, en tanto que son capaces de insertarse en la movilizacin general de los pobres y excluidos.

Finalmente, y sin pretender exhaustividad, los movimientos sociales se contentaran con la participacin, entendida como la gestin por parte de sectores organizados de intereses particulares frente al viejo Estado socialdemcrata, considerado incompetente y paternalista.

La participacin, frmula frecuentemente hermanada a la de movimientos sociales, relega la transformacin social por prcticas de gestin de intereses particulares en mbitos locales, lo que frecuentemente opera como medio de des-responsabilizacin del Estado de sus competencias, y sustituye la accin poltica por una lgica de la administracin tcnica de problemas sociales.

De manera distinta, la movilizacin popular no se deja atrapar por mecanismos institucionales y prcticas de gestin sino para languidecer. Su forma es la recuperacin, la interrupcin, la apropiacin, no la participacin.

Sustraerle al poder y al negocio espacios y procesos, restablecer la poltica expandindola, agregando nuevos mbitos y demandas: la ocupacin de tierra e inmuebles, el saqueo de bienes negados, el bloqueo en la calle, no el lobby institucional, de la medida injusta.

Los movimientos sociales, al menos en su recepcin en los discursos hegemnicos, sustituyen la contradiccin capital-trabajo, o la lucha entre lo popular y lo oligrquico, por la tensin entre sociedad civil y Estado, pero entendiendo aquella no en trminos de emancipacin y construccin de prcticas de democracia directa, sino como oposicin entre poltica y administracin.

El papel que ha tenido el Estado como instrumento central de dominacin de clase y comando de la economa en tal sentido, el Estado rentista venezolano, al transferir la renta a manos de los capitales privados y garantizar el control de los sectores subalternos por la va de estrategias clientelares, cumple una funcin anloga al Estado de Bienestar en las sociedades industriales , implica un alto grado de politizacin de las demandas sociales, que cobra forma en la organizacin poltica para controlar el Estado por parte de las distintas clases o en la lucha contra ste para lograr reivindicaciones.

El programa neoliberal, en cambio, reduce el papel del Estado a pura maquinaria represiva el estado policial y las tcticas militarizadas que sustituyen las polticas clientelares y redistributivas en el control de los sectores excluidos , mientras que las esferas antes de su competencia se trastocan en problemas sociales, desvinculados de sus condicionantes estructurales y vaciados de cualquier antagonismo de clase, cuya solucin discurre por la va de la administracin de intereses particulares y la gestin tcnica.

La nocin de movimientos sociales parece adecuarse mejor, en el caso de Venezuela, a los procesos de organizacin que proceden de sectores medios y altos y en reas residenciales de las grandes ciudades, que ocurren simultneamente a la irrupcin del nuevo sujeto popular. Asociaciones de Vecinos y Juntas de Condminos, y algunas organizaciones no gubernamentales que primero nacieron para acompaar a stas y luego fueron promovidas a travs de planes de gobierno para gestionar polticas sociales focalizadas en grupos sociales excluidos, aparecen con fuerza desde finales de los 80, tambin como consecuencia del derrumbe de la representacin poltica como medio de gobierno, pero oponiendo como alternativa un nuevo corporativismo que agrupa y gestiona intereses particulares, contando con la organizacin formal como mecanismo para movilizar recursos en esta direccin.

Se articula en torno a este sector un discurso que, a travs de la oposicin entre un Estado intervencionista e ineficiente y una sociedad civil emprendedora y enrgica, servir como legitimador del programa neoliberal durante la dcada de los noventa y, luego, a partir del descalabro de los partidos polticos despus de las elecciones de , como pivote fundamental de la oposicin al proceso bolivariano.

Si bien tambin contesta a las viejas formas de representacin poltica, su propsito es su sustitucin por la participacin en tanto gestin de intereses particulares y de mbitos transferidos por el Estado. La democracia de la calle y la revolucin bolivariana La insurgencia, violenta e ingobernable, de este nuevo sujeto popular, da al traste con la democracia representativa.

Pero, quizs por su propia naturaleza, no instala un modelo alternativo, no pasa del rechazo masivo y global. La movilizacin popular acorrala, una y otra vez, los intentos de reacomodo del bloque dominante: se paralizan las privatizaciones de los servicios pblicos y de las empresas estatales, se revierte el aumento del precio de la gasolina, la reforma laboral tarda casi una dcada en completarse, el gobierno no puede realizar los recortes del gasto social que se haba propuesto frente a la generalizacin de los conflictos y las demandas, entre otros.

Pero a la vez, la movilizacin popular no hace prosperar una alternativa viable que permita superar el agotamiento del modelo por un camino distinto a la receta neoliberal.

Su respuesta es la resistencia, el bloqueo, la invencin de espacios efmeramente liberados y prcticas que desafan la dominacin, pero no un nuevo orden. Se produce desde principio de la dcada de los noventa, un equilibrio inestable en el cual, ante la doble crisis del modelo rentista y de la democracia representativa, ni los de arriba pueden imponer su solucin, ni los de abajo tienen una alternativa ms all de deshacer los intentos de las lites.

Es en este contexto en que primero se levantan, en , los militares progresistas, y seis aos despus, triunfa en las elecciones presidenciales su principal dirigente, el Teniente Coronel Hugo Chvez Fras, aquellos terminan resolviendo a favor del bloque popular la situacin de estancamiento. El proyecto que enarbolan estos nuevos actores se reduce a una consigna tan simple como potente: la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente que echara las bases de una nueva repblica La Quinta Repblica, segn una periodizacin que incluye los tres intentos republicanos durante la guerra de independencia, y la cuarta repblica, que habra traicionado el programa de Bolvar e instalado un gobierno de las oligarquas.

El llamado a una Asamblea Constituyente nace a partir del primer levantamiento militar, en febrero de , orquestado tanto por intelectuales de izquierda como por sectores del movimiento popular.

Rpidamente es asumido por los militares insurgentes, y luego como elemento central del programa del candidato Chvez. Puede causar sorpresa que en un pas con altas tasas de desempleo, exclusin, pobreza y desigualdad, los pobres hayan sido movilizados por una oferta tan abstracta como una Constituyente para elaborar una Constitucin, pero esto justamente, da cuenta de la naturaleza de la movilizacin popular. Por un lado, su carcter centralmente poltico.

Sus demandas no se reducen a mejoras particulares o reformas parciales, sino que busca una transformacin radical del orden de cosas, y esto era lo que la Constituyente ofreca. Por el otro, sta se propone como un proceso popular y desde abajo, que reconozca e incorpore a todos los actores populares, abrindose como un gran espacio de debate y movilizacin para refundar el pas e interpelar al poder. En realidad, la oferta electoral y el programa de Chvez no es ni redistribucionista ni justiciero, es de movilizacin, inclusin y reconocimiento poltico del sujeto popular que haba irrumpido desde una dcada antes.

Desde su instalacin, la Asamblea Constituyente es capaz de generar una amplia dinmica de participacin popular, de debate poltico en las bases, e instala ms all de su funcionamiento formal, que culmina en diciembre de una nueva codificacin de la oposicin entre lites polticas y movilizacin popular, ahora en trminos del antagonismo entre poder constituido y poder constituyente. El perodo que se abre con la llegada de Chvez al gobierno, en febrero de , y que se prolonga al menos hasta el ao , luego de su victoria en el referndum revocatorio, estar marcado por una intensa movilizacin popular, que interpela permanentemente toda forma de representacin y delegacin del poder incluso las propias instancias de direccin y de gobierno.

Chvez es visto justamente, y de manera paradjica, como una negacin de esta delegacin: el comandante para no tener jefe alguno, el caudillo como condicin para la autodeterminacin. Con Chvez gobierna el pueblo, reza una consigna de ese entonces. Durante este tiempo, la accin poltica de masas tendr un carcter claramente contrainstitucional, contestatario, y su programa parece ser el de la auto-afirmacin. Junto con un vivo debate poltico de calle, que llega a su cenit durante la Asamblea Constituyente que sesiona en , se privilegia la accin directa, a travs de protestas callejeras, copamiento de instituciones, tomas de fbricas, de tierras y edificios, o acciones contra intentos desestabilizadores.

La inesperada movilizacin del 12 y 13 de abril de , que dio al traste en menos de 48 horas, con un intento de golpe de Estado reaccionario, o las movilizaciones auto-convocadas que lograron derrotar el paro patronal de diciembre de ese mismo ao, son una muestra tanto del podero de la movilizacin popular, pues en cada ocasin se bast a s misma para desarticular los intentos desestabilizadores, como de su autonoma frente a las instancias que se pretendan como direccin poltica del proceso popular, que haban perdido toda iniciativa o jugaban explcitamente a la desmovilizacin durante estas jornadas.

A partir de se impulsan, desde el gobierno, distintos mecanismos para regularizar la participacin popular, que hasta entonces discurra por cauces ms bien aluvionales y tumultuosos. Las instancias ms relevantes de participacin popular, que surgen en los momentos de aguda confrontacin poltica o luego de conjurados, pueden ser entendidas como resultado de los avances populares. A toda situacin de crisis, sorteada por la movilizacin popular, le sigue el reconocimiento de formas de participacin y transferencia de poder.

As, las Mesas Tcnicas de Agua mecanismo de cogestin del servicio de agua entre el gobierno y las comunidades populares que no cuentan con ste de manera regular y las cooperativas, como medio de participacin en la produccin y la actividad econmica, surgen durante los dos primeros aos de gobierno. Luego de la primera huelga patronal, a fines del , aparecen los Crculos Bolivarianos, y a principios de , los Comits de Tierra Urbana organizacin de barrios populares para la regularizacin integral de los mismos.

Las Misiones son mecanismos de participacin que, partiendo de la organizacin de los sectores excluidos y en articulacin con las polticas de Estado, se proponen superar el bloqueo de acceso de las mayoras a condiciones bsicas de vida, como salud y educacin.

Pero, adems de implicar reconocimiento y transferencia de poder a los sectores de base, estas propuestas tambin son utilizadas como medios para el encuadramiento de la movilizacin popular, que haba resultado tan ingobernable como eficaz en la lucha poltica. El mismo impulso avasallante de la muchedumbre movilizada, que haba desbaratado golpes y conspiraciones, resulta para las nuevas lites polticas una fuerza incmoda que deba ser domesticada. Pero estos intentos de encuadramiento resultan infructuosos, en parte, probablemente, por la experiencia de poder experimentada por las masas movilizadas, que las hacan refractarias a cualquier intento de sujecin, y en parte por las paradojas del propio discurso gubernamental, en particular el del presidente Chvez, que por un lado llama al orden y a la disciplina, mientras exhorta al mismo tiempo a la insumisin y a la.

Esta tensin entre un poder popular impetuoso e indcil pero que siempre tiene a Chvez como su ensea, nacido de las luchas callejeras de febrero de , y una participacin finalmente funcional a la nueva burocracia estatal, entre el impulso revolucionario y su posible Termidor, atraviesa estos ltimos aos del proceso bolivariano. Aunque su impacto en la vida poltica popular fue reducido, y el inters que en un principio despert se desvaneci rpidamente, su mencin es importante para entender los cambios de tcticas en la relacin entre gobierno y sujeto popular.

Era el quinto hijo de un granjero llamado Richard Reynolds, de una familia en Devonshire Pinhoe. Sus afiliaciones religiosas se inclinaron hacia los puritanos. For those family members who have never read, or possibly never heard of, the memoirs in question, I will now briefly introduce their authors.

Arms: Argent, a chevron lozengy gules and azure between three crosses - crosslet fitchee of the last. Crest: Out of a mural crown or, a demi-talbot argent, collared and lined or. Como una "V" invertida. William Dias Reynolds to The truncated remains of this fascinating history are still in the possession of his grand-daughter,who lives in Estremoz and who has always allowed her family visitors access to them. William Dias Reynolds a Albert Bastos Reynolds , always known as Bouncer, whose articles on the family were published in the reports of the British Historical Society during the s.

Bouncer was a grandson of Robert Hunter Reynolds of Estremoz. Bouncer era nieto de Robert Hunter Reynolds, de Estremoz. They produced their family history in the s. Much more recently, members of a younger generation have interested themselves in the past, and careful research, rather than wishful thinking, has resulted in a reappraisal of the old stories.

I now introduce them, in rather more detail than the old brigade to whom I will return in due course. Most of the research into the early Reynolds is his work, and the family owes him a large debt of gratitude. He has sent me a copy ofhis writings, which are available to all. In all his researches, he was supported and encouraged by Marsha Donaldson. Marsha Donaldson MD. She and Richard have corresponded over the years, discussing his and her discoveries in detail - and this long before the possession of e-mail put them, and all of us, in the position of being able to send documents at the click of a mouse, instead of painstakingly photocopying and posting them.

Another debt of gratitude is due. En todas sus investigaciones, fue apoyado y alentado por Marsha Donaldson. Otra deuda de gratitud que tenemos. Charles Reynolds Waddy. Charles is still busy researching, unearthing a lot of material which sheds light on William Hunter Reynolds' business and political career, and on the Reynolds presence in early Dunedin.

He keeps thinking he has finished , when he discovers some more details. I know how he feels! Their researches have concentrated on the Hunter family, and Gwenda has provided a Hunter family tree. They have visited Exeter, taken photographs, and done a good deal of research in the Exeter Public Records Office, in particular in the "Reynolds Box" there, in an effort to link Sir Joshua to the family.

He deals with the early history by quoting Bouncer's work, and that of Sousa Machado and Teixeira, and adds to it what he has researched from various genealogical sources.

The bulk ofhis work contains details of all the Reynolds except those of New Zealand, and, with photographs, his compilation is over pages long. He admits to being hampered by not speaking or understanding English, and as a result he asked me to correct his entries for the English Reynolds, as he found many of the names baffling Gillian and William , for example!

I will cornment more on this author in the appropriate place. His contribution to the fam i ly archives was made about 15 years ago, and took him many years of research.

Artur and Miguel Reynolds. Descendants of "double Reynolds". With these young men we finaIly reach the computer-literate generation. I have not attempted any printouts, which would run into kilometres! To i ntroduce myself, I am Janet, wife of Martin , son of Bouncer. Forty years ago, when I first joined the Reynolds family in Portugal, spending the large amounts of time I have on researching the history of the family would have been unthinkable.

I had neither the interest nor the time. I have to say that the gradual a wakening of my interest over the last few years owes as much to irritation as to interest. Glancing casualIy through my father-in-Iaw's writings, and those of Machado and Teixeira, I was continualIy struck by the incautious way in which they rnade unsupported staternents and unproven clairns, never once quoting a veri fiable source. In the case of Bouncer, his uncritical attitude to the "confusing and conflicting" reports he based his writings upon was surely in de fiance of his legal training?

Where was the proof for so rnuch hearsay? Otro miembro de la rama Reynolds de Nueva Zelanda. Sus investigaciones se han concentrado en la familia Hunter. La mayor parte de su trabajo contiene detalles de todos los Reynolds, excepto los de Nueva Zelanda. Artur y Miguel Reynolds. Descendientes de los "doble Reynolds".

Me presento: Soy Janet, esposa de Martin, hijo de Bouncer. A few years ago, Marsha and Hunter Donaldson visited us in Sintra. Marsha had several questions to ask about the farnily, none of which we were able to answer. It was there that I found the memoirs, written by William Dias Reynolds described below , and saw the documents and letters she still possesses.

These memoirs fascinated me from the moment I began to read them, and so I began to try and sift fact from fiction. Knowing that I had Marsha and Richard in the background was an important factor in my decision.

In , aged 25 , William returned to Estremoz in order to help his Uncle Robert Hunter Reynolds in his flourishing cork business. His aunt Maria de Gracia Perez died in , followed by her husband in They left 7 children, the eldest ofwhom, Elisa, William married on January 16th, , just under 3 months after his uncle Robert's death: Elisa was 19 and he Th e 6 children of William and Elisa, 5 sons and 1 daughter and their descendants, are therefore the "double Reynolds " I have spoken of, children of first cousins and linking the descendants of the two brothers, Thomas Hunter Reynolds and Robert Hunter Reynolds.

Without this marriage, the rift between Thomas and Robert - a disagreement over money, fedby prejudice, aggravated by distance, and inherited by their respective children and grandchildren - might well have divided the families for ever. William's memoirs are a mine of fascinating information, unexplored, as far as 1 can gather, by anyone until now.

They end at page Madalena has told us how s he managed to save the last r e mnants of family papers, most of whicn were thrown awa y when her mother Henriqu e ta died and thefamily house she lived in, the Casa Inglesa in Estremo z , was sold. It i s therefore possible that the missing half - if it was half it might have been m o re, or le s s - was accidentally lost. Another belief, which 1am inclin e d to share, is that the cont e nt of the latter p a rt of his memori s fou n d no favour , and that they were deliberately destroy e d.

This th e o ry w ill be refe r red to in more detail when we come to tel! William's story. Los 6 hijos de Guillermo William y Elisa 5 hijos y 1 hija y sus descendientes son, por tanto, los "Reynolds dobles" de los que he hablado antes.

Eran hijos de primos hermanos, que unieron a los descendientes de los dos hermanos, Thomas Hunter Reynolds y Robert Hunter Reynolds. La Casa Inglesa de Estremoz. My general rule in researching the history of this family has been that if no evidence can be produced to support any information given, that information should be approached with great caution.

Admittedly, archives are pillaged in revolutions, burnt in wars, lost in bureaucratic upheavals. Church records are the most vulnerable to loss and damage, as conflicts between Catholics and Protestants, as in England, or be tween Liberals and Conservatives, as in Portugal, often involved the deliberate destruction of churches and all their contents.

But "hearsay", so often quoted In this family's memoirs, is no substitute for proven fact. Pero el "rumor", tan frecuentemente citado en las memorias de esta familia, no es sustituto del hecho probado. Madalena told me that my father-in-Iaw had read William's memoirs. A question I have frequentIy asked myself over the past years is: why did he neither mention them, nor, so far as I can gather, consult them?

For me, they have provided a starting point and also a point, in a story that has no end, at which to finish. I make no apology for not producing a welI-laid-out Family Tree, although the Tree exists in a computer file.

My own family, the Cadells, are extremely fortunate in possessing an succinct and manageable Family Tree, which was compiled in the early 19 th century, and taken into the computer age by a Cadell cousin whose work is a masterpiece of clarity.

It begins in when a Cadell emerged from obscurity and founded the family's fortunes by marrying his boss's daughter. Happily, there will always be a sequel, but to date our Tree holds details of every known CadelI in 24 two-sided A-4 pages, including biographies, lists of spouses, index of first names with birth dates, appendices, sources and even a map - and every one ofus has a copy. To produce a similar compilation for the Reynolds family is beyond my powers.

It would run into hundreds of pages, and would leave the handful of English Reynolds far behind. Large families were a common feature of 19th century marriages, but this tradition was carried on for much longer in Roman Catholic countries than in Protestant ones. The birth of so many Spanish and Portuguese Reynolds ensured that those families grew, and went on growing, until the social and economic realities of the late zo" century finalIy made small families the norm. And although the two Reynolds brothers, Thomas and William, who went to New Zealand, had 10 and 9 children respectively , many of these, and particularly William's sons, either did not marry or left no issue.

It is Robert's descendants - Spanish and Portuguese almost to a man - and woman- who predominate. But this family has still, surprisingly, an English coreo Surprisingly because, of all Thomas and Marion's 35 grandchildren, only one Colin, the first child of their daughter Eliza was born in England, and he sailed for New Zealand when he was a few months old. The rest were born in Spain, in Portugal and in New Zealand.

Thomas and Marion had 79 great-grandchildren, of whom only 25 were male Reynolds. Their son William's male line died out, and the New Zealand Reynolds descend from just two oftheir eldest son Thomas' sons. The majority of the 79 are descendants of Robert Hunter Reynolds of Estremoz, and since one of his sons and two of his grandsons married Spaniards and betweeen them produced 21 children, the Spanish numbers eclipse the Portuguese and leave everyone else far behind.

As to their further descendants, they are all Spanish, Portuguese and New Zealanders, except for a very small group whose parents, grandparents or great-grandparents, through marriage or education, have returned to their British roots.

Y cada uno de nosotros tiene una copia. Pero esta familia tiene, sorprendentemente, una esencia inglesa. So my husband Martin, with an English mother just - her father was born of German parents a Portuguese grandmother, and a Spanish great - grandmother, is English after all.

His mother, living in Portugal, travelled 5 times to England to have her children - the 6th birth was during WW2, when AHR was working at the British Embassy, and registration there was considered sufficient to confer British nationality on the third generation of Reynolds to be born outside Britain.

Martin and his brothers and sisters, and his cousins , all grandchildren of Rafael Perez Reynolds and Cristina Bastos Reynolds, were educated in England and brought up to be thoroughly British. Their parents - the 8 children of Rafael and Cristina - had spent a portion of their youth in Bexhill-on-Sea, in Sussex, and this experience, and the influence of their schooling on the 4 boys George, Victor, Bouncer and Tony at University School, Hastings, was decisive.

So decisive was it, in fact, that the boys all adopted the Anglican religion although AHR later opted for Catholicism for himself and his family which further distanced them from their foreign cousins.

It is clear that Rafael, their father, fell in love with his not-sonative land, and that their Portuguese mother, Cristina, found in England and the English a new land and people to make her own. Reluctantly, the family returned to Portugal when, in , the devaluation ofthe escudo made it impossible for them to keep up their establishment in England Rafael and Cristina, 4 daughters, 4 sons, and 2 Portuguese manservants.

In the family property at Quinta Braamcamp, across the river from Lisbon at Barreiro, they settled down as "expatriates", looking to England for their values, their ideals , and ambitions and preserving in their homes the English language and way of life.

In my contribution to the Reynolds family history, I decided to begin with the family, which is reasonably well-documented, into which Sir Joshua Reynolds was born, and to try to find a link between the famous painter and the first member ofthis Reynolds family to come to Portugal and therefore to start our history - I refer to Thomas Johnson Reynolds, born in London in , dying in Macandrew Bay on the Otago Peninsula, South Island, New Zealand in He and his wife Marion are the first couple in this history to have flesh on their bones, and even, in the case of Thomas, a face looking at us out of a wonderful photograph.

Thomas and Marion were the great-great-grandparents of my husband Martin, and they provide us with a firm base on which to anchor ourselves as we go backwards, looking for Sir Joshua, and forwards, looking for ourselves. Finally, I decided to choose 16 th January as the date on which my researches finish or, at least, on which I finish this compilation and make it available to any ofthe family who might be interested in it.

Their marriage united, by giving their fathers 6 grand children in common, two Reynolds brothers who were separated by half the globe, and who by the end of their lives were enemies. Thomas y Marion eran los tatarabuelos de mi esposo Martin, y nos proporcionaron una base firme sobre la cual anclarnos, mientras retrocedemos, buscando a Sir Joshua, y seguimos adelante, buscandonos a nosotros mismos.

Dos hermanos Reynolds, que estuvieron separados por medio planeta, y que al final de sus vidas fueron enemigos. Thi s marriage opened a path between the New Zealand and the Iberian and English families, who otherwise might well have lost all knowledge of each others' existence which in fact they almost did. In Madalena's photograph album, the New Zealand cousins, their wives and their children, are present, and although Madalena, at over 80 years of age, occasionally finds it hard to remember who they all are, I hope that one day some New Zealand Reynolds will come to sit at the round table in the comer of her charming living room, and put names to faces and places, before all memory is lost.

To William and Elisa, therefore, these few chapters in a long story are dedicated. Monumento conmemorativo a sir Joshua Reynolds, en la iglesia parroquial de Plympton, Devon. According to some old notes it would seem that one William Reynolds, a seed merchant and reputedly 'a direct descendant of the original Reynolds who gave his name to Reynolds Gardens in Exeter' was born in that city of Devonshire in or about the year An old rather sketchy family tree shows him to be the eldest of a family of five.

One brother was a Coroner? Another brother is given as 'a silk weaver in Spitalfields'; the other two members of the family were 'two daughters' Little is known of this William Reynolds except that he married in and had a son, Thomas, their only child, born in in Exeter where the family lived. The name of William's wife does not appear After some years the family moved from Exeter to either Maidstone or Farleigh William Reynolds was a cousin or close connection of Sir Joshua Reynolds Here comes a list of the children of Samuel and his wife Theophila Potter "of whom only the second Robert and the third Joshua interest us here, the first because he is the patriarch of the family we are studying, a long digression into the life of Sir Joshua Reynolds follows.

To return to Robert Reynolds, he was born in Exeter in and married in ; he died in leaving a son Thomas William who established himself as a merchant in Maidstone in the county of Kent The Memoirs of William Dias Reynolds, That after his grandfather's death his father wrote a friend in Exeter asking him what property his father had lefi, the answer was land and houses. Un hermano era forense?

En Exeter? Otro hermano es considerado como "un tejedor de seda en Spitalfields"; Los otros dos miembros de la familia eran "dos hijas" El nombre de la esposa de William no aparece That there had been a Will, but which was thought to have been destroyed by the two maiden aunts. That he could not remember if the name of his grandfather was William, Thomas or John.

But my father in his letter of 19 January says that both his Grandfather's and his great grandfather's names were Thomas William. But I always under stood that my Grandfather's people at Exeter were of the Church of England and that some of his ancestors were clergymen of this Church as were all the Reynolds of Devonshire as we see that the father of Sir Joshua Reynolds and some of his uncles were clergymen and headmaster of schools there, and consequently of the Church of England.

She is looked after by her 2 daughters, who have told us that AHR's papers we r e packed up in boxes during the move and that these boxes are presently to be found in the garage oftheir mother's flat in Gaia. Until the time of writing, Martin has been unable to persuade his sisters to arrange for him to have access to these papers.

His mother has expressed her willingness for him to consult them, but , now well in to her 90s, it is some time since she has been in a position to make her own decisions. As to photographs, we have managed to obtain originals of all used by Bouncer except the mysterious one of a number of people, children, menservants and a little carriage, all standing under a large cork tree.

He says that the stout lady in black was "said to be" Maria Gertrudes Dias Reynolds, but it is so totally unlike the other photos we have of her that this could not be correct. We believe they had no original documents, but are still making enquiries.

Incidentally, my spelling of Albu R querque is correct for the Spanish town - it is the Portuguese surname which is spelt without the R. But the name appears on his marriage certificate, so WRR are his true initials, and I notice that one of the signatories on a document dated , at Alburquerque, is Roman Guerra; William's brothers and sisters born in Alburquerque also have Spanish names on their birth certificates.

Ella estaba siendo atendida por sus dos hijas. Hasta el momento de escribir esto, Martin no ha podido convencer a sus hermanas para que le permitan acceder a estos documentos. John, Eldest son of Joshua Reynolds and Margaret Baker. Graduate of Exeter College, Oxford. Vicar of St. Thomas the Apostle, Exeter. By his first wife Elizabeth Pyle he had one son, John, see next entry. The Will of this John leaves to his son John, below, a life interest in "my garden near Castle Bayley".

Son of above. By his second wife Elizabeth Hicks he had Thomas and Catharine All his children were christened at St. Lawrence, Exeter. He seems to have survived them all. William , son of above, - WeIl documented. Children: a daughter, Elizabeth, to whom his widow Rachel left her wordly goods in her WilI.

Born , christened at St. Thomas the Apostle, Exeter, presumably by his father, died Made Freeman of the city of Exeter , married twice. Married, second, Mary Dooning, , at St. Sidwell's, Exeter. She beeame Sir Joshua's godmother. Cbildren: Elizabeth , Francis - apprenticed to his father. Thomas , Sergemaker, b. As to Thomas and Mary's children, there were apparently 2 Thomas Reynolds whose wives were baving children in tbe Parish of St. Sidwell, Exeter, at this time.

One was our Sergemaker, and the other a Pipemaker. It is almost impossible to distinguish witb any certainty between their offspring.

Samuel Reynolds , son of Joshua and Margaret see entry 1 had, among other children, a son, Robert, Ironmonger, ? But in the complete absence of any further mention of this Robert, we are on very shaky ground. The other three sons of Joshua and Margaret were Humphrey, a naval Lieutenant, a Samuel and a Martyn, all of whom, according to the Colby tree, died in Bien documentado.

Hijo mayor de Joshua Reynolds y Margaret Baker. Graduado en el "Exeter College" de Oxford. Por su primera esposa Elizabeth Pyle, tuvo un hijo, John, ver la entrada siguiente.

Hijo del John de arriba. Con su segunda esposa Elizabeth Hicks tuvo a Thomas y a Catharine Todos sus hijos fueron bautizados en San Lorenzo, Exeter. Y parece haber sobrevivido a todos ellos. William, hijo del de arriba, - Documentado por nosotros. Primero con Elizabetb Teape en Casado, en segundo lugar con Mary Dooning en , en St.

Sidwell, Exeter. Ella fue la madrina de Sir Joshua. Hijos: Isabel y Francisco - aprendiz de su padre. En fue Freeman de la Ciudad de Exeter, por sucesion a su padre. Es casi imposible distinguir con certeza entre sus dos descendientes. Samuel Reynolds, hijo de Joshua y Margarita ver entrada 1 tuvo, entre otros hijos, uno llamado Robert, fue ferretro, ?

De su muerte hay diferentes fechas en el IGI. The above gives us two possible lines of descent through the family of Sir Joshua and down to the first Reynolds mentioned by our authors: a William, Thomas or John Reynolds born in Exeter, Devon, said to have been born in , whose ancestors were clergymen of the Church of England one of whom gave his name to a garden in Exeter and headmasters, as were Sir Joshua's ancestors.

This Reynolds had 3 sons and 2 daughters, of whom only one son and the daughters were living when he died, said to be in He married in and had a son, also called Thomas William, born in , and he and his wife Lydia are claimed as the parents of the Thomas William Reynolds who moved to Portugal and started us all on this quest. Through Robert the Ironmonger, and from him to a putative son, Thomas William, born Some have been traced to Devon, some to Kent, and searches have been made backwards, for their parents and birthplaces , and forwards to their children and grandchildren.

There are a great many of them! Following the claims that there was a Silkweaver and a Coroner in the family has been an easier task, if no more conclusive. Guilds have records, as do Courts. Searches in these records, have in both cases produced further - yes, Thomas, William and John Reynolds!

A possible birthdate for him could be A Thomas Reynolds was bound apprentice to Adam Castle in , and in the same year there is an unfinished entry for a William Reynolds. In a Thomas Reynolds was apprenticed to George Dexeter, and in he was made "free from servitude". A John Reynolds is listed as apprentice to Thomas Reynolds in probably his son. He received his freedom in , when he was 21 years of age or over, giving him a possible birthdate of at the earliest.

He is later mentioned as having been active, during the Spitalfields riots, in" trying to keep the journeyman weavers in a quiet and peaceful disposition". If he is the Silkweaver uncle we are looking for, Robert the Ironmonger is too young to have been his father. He died in , and was succeeded by his son Thomas, born St. Leonard's, Shoreditch. Los gremios tienen registros, al igual que los tribunales.

Para el tejedor principal de Spitalfields, Thomas Reynolds aparece en los Registros del gremio de los tejedores en Un John Reynolds aparece como aprendiz de Thomas Reynolds en probablemente su hijo. Sede principal de los tejedores de seda en Spitalfields, Londres. Leonard, Shoreditch. He is too young to be the same as William the Bailifi. Luke Old Street, and a son Thomas was christened the same year at St. The marriage of a William and a Rachel brings to mind the marriage of the Reverend William see above but a Headmaster of Exeter College is unlikely to have metamorphosed as the son of a weaver at Spitalfields, and we understand that no children of William of Exeter were living when he died in Coroners in the eighteenth century had wider powers than those of today, A Coroner's original duty was to maintain the private property of the Crown, hence the name, and as officials of the County they still continued to judge cases of trespass, poaching and public nuisance, and the like.

The Oaths they took are found in the Petty Bags, PRO which contain the long parchment strips on which the Oaths are recorded, in beautiful calligragraphy. They are fascinating to handle, but untying and unrolling them is very fiddly work. I found various Coroners: a Thomas Reynolds, who took his Oath in and was replaced due to death or retirement? A more prolonged search in the Petty Bags might provide further details. Statements made by ABR. The research outlined above does not permit us to accept more than a very few of these.

His reference to "some old notes" cannot be checked at present for the reasons already given, so we have no means of knowing whether those notes were written by someone who knew facts that we do not, or whether they merely contained hearsay.

Cannot verify. As already mentioned, John Reynolds b. This claim could therefore well be true. H owever, among th e possible sons of the Sergemaker, we have found the names John, Peter, William, Charles and Stephen only.

Es demasiado joven para ser igual que William el Orfebre. Son fascinantes de manejar, pero desvincularlos y desenrollarlos es un trabajo muy complicado. En ; Otras dos entradas para otros dos William Reynolds, quienes hicieron sus Juramentos en y en respectivamente; Y una entrada para John Reynolds, tomando su juramento en Declaraciones hechas por ABR. No se puede verificar. No se puede verificar, aunque hay unos tales Thomas, John y William Reynolds en las listas de jueces en los Tribunales de Exeter, y otros Thomas, John y William Reynolds, como tejedores de seda de Spitalfields, miembros del Gremio de tejedores.

Sin embargo, entre los posibles hijos del Fabricante de Sargas, solo hemos encontrado los nombres de Juan, Pedro, William, Charles y Stephen. There is no known wife or issue for this Robert, so we cannot verify this statement which, as far as one can tell, was made without any solid evidence to support it. The long digressions of these authors into the noble English families bearing the name of Reynolds, and the account of the distinguished career of the famous Sir Joshua, show that their main preoccupation was to propose a distinguished ancestry for themselves and their descendants.

Even given the age and frailty of the grandfather at the time William quotes, they are likely to be at least partially true. William accepts, without embroidering the facts, that the Reynolds did come from Exeter, that they were originally members of the Church of England and belonged, however remotely, to the same family as Sir Joshua, and that the family of sons and daughters was substantially as recounted by his grandfather.

He also had his doubts as to the correctness of the Christian names and to the accuracy of the dates given, as we have ours. This research, most of which was undertaken by RR, do not prove beyond question that the family is related in any way to Sir Joshua Reynolds.

But we have managed to produce some fresh and positive results that might, possibly, provide the missing links.

These results allow us to make some intelligent guesses, and further research will perhaps prove us right. Incluso dada la edad y la fragilidad del abuelo, en las citas de William, es probable que sea, al menos parcialmente, verdad. The family moved from Exeter to either Maidstone or Farleigh. Thomas met Lydia Johnson, the daughter of John Johnson of Guildford carried the christian name of her mother Lydia Luxford who was a native of Farleigh near Maidstone.

They met in Sir Joshua's studio The meeting Thomas William Reynolds: born in Exeter in , who established himself as a merchant in Maidstone in the country of Kent. But in the register of the parish Church and other churches in Maidstone no marriage is registered of a Thomas Reynolds marrying a Lydia but yes a Thomas Reynolds marriage as registered in the Parish an Anne.

As Richard Reynolds has said, when researching a family tree it is wise to start from what you know and progress to what you don't know, even if this is in a backwards direction. Backwards, of course, usually being where we want to go! We also accepted as correct, though unproven by the above authors, that this Thomas Reynolds, our undisputed ancestor, was bom in Maidstone, and our research started, and ended, there. Photo 3 young Reynolds visiting their great-great-great-great-grandparents' grave.

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